CONVIÉRTETE EN NIÑO DIVINO, AUNQUE TENGAS NOVENTA AÑOS


No poses tu tercer ojo en el pantalón del prójimo ilícitamente.

Desconecta la vista ilegítima veterotestamentaria de la gente.
Contempla. Medita divinamente. Suprime la visión ociosa.
Que se revele la Sabiduría de Basilisa la Hermosa*.


Hacia la vejez, falla el reglamento de las amistades verdaderas.

Y por mucho que derroches el dinero a derecha e izquierda,
el programa familiar se acaba de repente, agotado:
ayer tenías una carrera envidiable, 
mañana serás un desgraciado.


     Desprecia la ruina de las pasiones y pensamientos insanos,

     y conviértete en niño divino, aunque tengas noventa años.

19.11.2012

* Protagonista de un cuento popular ruso.


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